
Puma fue esa presencia constante que nos recibía cada tarde con la misma alegría en el cuerpo, ese movimiento inconfundible que reconocíamos desde la calle y que nos hacía apurar el paso para llegar a casa. Te acordabas de cada rincón de la casa como si fuera tuyo, tenías tus lugares sagrados donde dormías la siesta y ese sofá que conquistaste a los meses y que ya no pudimos recuperar. Los doce años que compartimos dejaron un silencio diferente en el hogar, ese que solo conocen quienes tuvieron a alguien que simplemente estaba ahí, respirando junto a nosotros sin pedir nada más que estar cerca.
Cristian Muñoz
5 de diciembre de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Lucía Delgado
22 de junio de 2025
Un abrazo. No hay palabras para este dolor.
Agustina Ortiz
1 de abril de 2025
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.