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Puma llegó a nuestras vidas en 2007 y durante cinco años fue ese ser que nos esperaba en la puerta cada vez que llegábamos, con una energía que contagiaba alegría a toda la casa y nos hacía sentir que éramos lo más importante del mundo. Te acostumbraste a acompañarnos en cada rincón, desde las tardes de siesta en el patio hasta esas noches cuando nos sentábamos a charlar y vos estabas ahí, quieto pero presente, como si entendieras cada palabra que decíamos. Dejaste un silencio que todavía resuena en los espacios donde solías estar, y cada vez que vemos algo que te recuerda nos damos cuenta de que los cinco años que compartimos con vos fueron los que realmente importaron.
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