
Puma llegaba corriendo cada vez que escuchaba las llaves en la puerta y se tiraba al piso pidiendo caricias como si no nos hubiera visto en años, aunque hubiesen pasado solo minutos. Tenía la costumbre de dormir con la cabeza apoyada en nuestras piernas mientras veíamos televisión, y esos momentos de silencio tranquilo se convirtieron en los más preciados de nuestras tardes. Desde que Puma se fue en 2022, la casa quedó más vacía de lo que imaginábamos, porque el espacio que ocupaba no era solo físico sino también el de todas esas rutinas diarias que tejían nuestros días juntos.
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