
Pumba llegó a nuestras vidas en 2011 y durante doce años nos despertó cada mañana con su ritual de saltitos en la cama, exigiendo caricias y atención como si fuera lo más importante del universo. Tenía la costumbre de seguirnos por toda la casa, siempre queriendo estar donde estábamos nosotros, y nos hacía reír cuando se acostaba boca arriba pidiendo que le rascáramos la panza sin parar. La casa quedó silenciosa cuando te fuiste en 2023, y todavía miramos ese rincón donde dormías esperando verte llegar, porque dejaste un vacío que ningún otro momento va a poder llenar.
Sé el primero en dejar un mensaje