
Rabito tenía la costumbre de esperarnos en la puerta cada vez que llegábamos a casa, maullando de una forma tan particular que ya reconocíamos desde la calle y que nos hacía sonreír incluso en los días más difíciles. Te encantaba dormir en los lugares más incómodos de la casa, especialmente en esa silla vieja del living donde nadie se sentaba, y pasabas horas observándonos con esa sabiduría tranquila que solo vos tenías. En 2024 nos dejaste un vacío que no va a llenar ningún otro animal porque vos eras irreemplazable, con tu forma única de demostrar cariño y esa personalidad que te hacía ser exactamente quien eras.
Sé el primero en dejar un mensaje