
Rabito llegó a nuestras vidas en 2010 con esa forma especial de saludar saltando en círculos cada vez que alguien cruzaba la puerta, como si fuera la primera vez que nos veía aunque pasaran solo minutos. Durante ocho años fue el testigo silencioso de nuestras tardes, ese ser que se acostaba exactamente a los pies de quien más triste estuviera ese día, sin que nadie le dijera nada, como si tuviera un radar para el corazón. Cuando Rabito se fue en 2018, dejó un espacio en la casa que no es solo físico sino esos silencios donde antes escuchábamos sus pasos, las rutinas que armábamos pensando en él, la costumbre de llamarlo que todavía nos duele.
Claudia Pérez
6 de noviembre de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Cecilia Correa
12 de agosto de 2025
Qué difícil es perder a un compañero así. Un abrazo enorme.
Marcos Benítez
25 de mayo de 2025
Esos ojos que te miraban con todo el amor del mundo. Eterno.
Ezequiel Pereyra
12 de mayo de 2025
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Claudia Pérez
5 de diciembre de 2024
Siempre va a estar presente en los mejores momentos que vivieron juntos.