
Rabito vos eras ese perro que se dormía en nuestras faldas mientras veíamos televisión, ronroneando bajito como si fueras un gato, y que se despertaba al primer sonido de la puerta esperanzado de que alguien volviera a casa. Te acordabas de cada rincón de la casa y cada uno de nuestros hábitos, acompañándonos a la cocina cuando era hora de comer, siguiéndonos al patio cuando salíamos a tomar mate, y posándote al lado de la puerta cuando alguien se iba, como si quisieras cuidar que volvieran bien. Dejaste un espacio que no sabemos cómo llenar, porque en esos siete años te volviste parte de los rituales diarios que hacían que esta casa fuera nuestro hogar, y ahora cada silencio es un poco más largo sin vos.
Sé el primero en dejar un mensaje