
Rayo fue ese gato que se instalaba en nuestras faldas apenas nos sentábamos y ronroneaba como si tuviera un motor adentro, acompañando cada momento tranquilo de la casa durante dieciséis años sin pedirle nada a la vida que no fuera estar cerca nuestro. Vos sabés cómo era ese vicio que tenía de meterse en las bolsas, en las cajas, en cualquier rincón medio oscuro, como si estuviera buscando un tesoro que solo él conocía, y cómo se burlaba silenciosamente de nuestros intentos por sacarlo de ahí. La casa quedó extrañamente silenciosa cuando Rayo se fue, y nos dimos cuenta de que esos ronroneos constantes, ese peso tibio en nuestro regazo y esa forma que tenía de mirarnos con esos ojos que parecían entender todo, habían sido el latido que le daba ritmo a cada día.
Leandro Gómez
6 de febrero de 2026
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Santiago Vidal
12 de enero de 2026
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Micaela Molina
7 de enero de 2026
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Ezequiel Pereyra
3 de enero de 2026
Estos peluditos se llevan un pedazo del corazón.
Sandra Rodríguez
5 de diciembre de 2025
Los que tuvimos la suerte de conocerlo lo vamos a recordar siempre.
Mariano Campos
26 de noviembre de 2025
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Florencia Morales
6 de julio de 2025
Qué hermosa historia. Qué suerte la de esa familia.
Leandro Gómez
1 de junio de 2025
Un abrazo fuerte. El dolor de perder a un compañero es enorme.
Lucía Delgado
17 de febrero de 2025
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Ezequiel Pereyra
17 de diciembre de 2024
Qué difícil es perder a un compañero así. Un abrazo enorme.