
Rayo fue ese hámster que nos despertaba a las tres de la mañana con sus ruedas, pero de alguna manera sus corridas nocturnas se convirtieron en la banda sonora más querida de nuestra casa durante esos seis años juntos. Te acordás cómo se paraba en las dos patas traseras cuando nos veía llegar, esperando con toda la ansiedad de tu cuerpito chiquito que te sacáramos para explorar el living, y cómo después volvías tranquilo a tu refugio como si hubieras conquistado el mundo. Dejaste un vacío raro en las noches, ese silencio donde antes sonaba tu ruedita, y nos dimos cuenta recién ahí que Rayo no era solo un hámster, eras parte de los ritmos de nuestra familia.
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