
Rayo llegó a nuestra casa en 2005 con esa energía inquieta de siempre perseguir las sombras en el patio y dormir hecho un bollo en el sofá de la sala, como si ese fuera su lugar sagrado en el mundo. Durante diez años nos enseñó que la felicidad estaba en las cosas simples, en esos paseos donde se detenía a oler cada rincón de la cuadra como si fuera la primera vez, y en las noches cuando se acercaba a apoyar la cabeza en nuestras piernas sin pedir nada más que estar cerca. Se fue en 2015 dejando un silencio extraño en esos lugares donde siempre lo esperábamos, en la puerta al atardecer y en ese rincón del sofá que nadie más quiso ocupar.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →