
Reina llegó a nuestras vidas en 2008 y durante nueve años fue quien nos esperaba en la puerta cada tarde, ronroneando mientras nos frotaba la cabeza contra las manos como si fuera lo más importante del mundo. Te encantaba acurrucarte en la cocina mientras cocinábamos, maullando para que te diéramos un poco de lo que estábamos preparando, y también eras experta en encontrar los lugares más absurdos de la casa para dormir la siesta. Dejaste un silencio extraño en esos rincones donde siempre estabas, en esas pequeñas rutinas diarias que compartimos, y aunque el tiempo pase seguimos sintiendo tu presencia en cada rincón de la casa que fuiste tu hogar.
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