
Rex fue nuestro despertador viviente durante trece años, ese gato que saltaba a la cama a las seis de la mañana sin falta y nos obligaba a levantarnos con sus maullidos insistentes que de alguna manera se convirtieron en la mejor parte de nuestras rutinas. Tenía una costumbre de sentarse en la ventana de la cocina mientras cocinábamos, observándonos con esa intensidad felina que hacía que sintiéramos que cada cosa que hacíamos era importante, y luego se deslizaba entre nuestras piernas pidiendo su porción con una ternura que nunca pedía perdón. La casa cambió cuando Rex se fue, porque dejó vacíos que no son físicos sino de esos sonidos cotidianos, de esa presencia que hacía que un día común fuera día de estar juntos, y ahora cada amanecer sin su llamada nos recuerda que algunos seres simplemente nos enseñan qué significa tener a alguien en casa.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →