
Rex fue nuestro despertador viviente durante nueve años, ese ser que saltaba a la cama cada mañana exigiendo caricias y que nos obligaba a levantarnos aunque fuera domingo, llenando cada amanecer de su energía inquieta y sus ganas de comernos la cara. Vos eras el primero en notar cuando alguien estaba triste en la casa, te acercabas lentamente y apoyabas tu cabeza en la rodilla con ese peso exacto que sabías que necesitábamos, como si entendieras que a veces el silencio compartido vale más que cualquier palabra. La casa quedó rara sin tus patas trotando por los pasillos, sin ese ruido que hacías al beber agua, sin tu forma de sentarte entre nosotros en el sofá como si fueras el árbitro de nuestras vidas, y aunque pasaron los días, tu ausencia sigue siendo más presente que muchas cosas.
María González
21 de enero de 2026
Siempre vive en quienes lo amaron.
Romina Ramos
22 de agosto de 2025
Los animales nos dejan tan rápido y nos marcan para siempre.
Roberto Herrera
21 de julio de 2025
Qué difícil es perder a un compañero así. Un abrazo enorme.
Facundo Acosta
7 de julio de 2025
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Cristian Muñoz
9 de abril de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
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