
Rey fue nuestro gato de ocho años que se despertaba cada mañana ronroneando en la almohada de quien estuviera durmiendo, insistiendo en que era hora de compartir el desayuno con él. Vos eras el primero en correr hacia la puerta cuando llegábamos a casa y tenías ese hábito de meterte en las bolsas de compras apenas las dejábamos en el piso, como si fuera tu derecho territorial. Te vas dejando ese silencio raro en los rincones donde solías acostarte y esas ganas de escuchar ese ronroneo que era más fuerte que cualquier palabra.
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