
Rey llegó a nuestras vidas en 2011 y durante catorce años fue quien nos esperaba en la puerta cada tarde con ese entusiasmo que hacía que cualquier mal día se disolviera al instante. Te acordás de cómo se tiraba al piso para que le rascáramos la panza, y cómo después salía corriendo como loco por toda la casa como si acabara de descubrir que podía volar. Se fue en 2025 dejando un silencio en las mañanas, en esos lugares donde vos siempre estabas, y nos llevó con él una forma de amar tan pura que va a ser imposible no sentir su falta cada día.
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