
Rocco llegó a nuestra casa en 2010 trayendo esa energía de querer estar siempre donde estábamos nosotros, siguiendo cada paso por los pasillos y acostándose a nuestros pies sin pedir permiso. Durante doce años fue testigo de nuestras vidas, de las risas en la cocina y los silencios difíciles, y sos capaz de recordar exactamente cómo levantaba la cabeza cuando alguien pronunciaba su nombre con ese tono especial que usábamos solo con él. Se fue en 2022 dejando un vacío en las rutinas diarias, en esos momentos de la mañana cuando uno espera escuchar sus pasos o sentir su presencia, y aunque ya no esté físicamente, su forma de amarnos sin condiciones sigue viva en cada memoria que compartimos.
Pablo H.
3 de agosto de 2026
Cuánto amor en tan poco tiempo.
Martín S.
28 de julio de 2026
Un abrazo enorme. Sé lo que es.
Rodrigo M.
10 de julio de 2026
Siempre vive en quienes lo amaron.