
Rocky llegó a nuestras vidas en 2016 y durante quince años fue el que nos despertaba cada mañana con su forma particular de pedir desayuno, saltando en la cama y ladrando con esa urgencia que solo él sabía transmitir, como si el día no pudiera empezar sin nosotros juntos. Te gustaba perseguir las sombras en el patio cuando el sol estaba bajo y dormir en el sillón de papá aunque le dijera que no, con esa costumbre de acomodarse justo en el medio como si ese fuera tu lugar en el mundo, porque para vos siempre fue así. Te extrañamos en el silencio de las tardes, en la puerta cuando llegamos del trabajo, en esos paseos que ya no son lo mismo, y en la manera en que esta casa cambió de color cuando te fuiste, dejando un espacio que ninguno de nosotros sabe cómo llenar.
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