
Rocky fue nuestro despertador viviente durante seis años, ese que saltaba a la cama cada mañana con la certeza de que ese día iba a ser el mejor de nuestras vidas, y vaya si tenía razón. Te acordás cómo se sentaba a esperarnos en la puerta cuando llegábamos del trabajo, con esa forma que tenías de mover la cola que nos decía que para vos los minutos que nos habíamos ido parecían siglos. Dejaste un silencio raro en la casa, en esos lugares donde vos estabas siempre, y ahora cada tanto nos sorprende que te extrañemos de repente en cualquier momento del día.
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