
Rulo llegó a nuestra casa en 2006 y durante diez años fue ese ser que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos, saltando y moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía, transformando cualquier regreso en una fiesta. Vos tenías esa manía de robarte las medias del tendedero y esconderlas debajo de la cama, y aunque nos sacabas de quicio, hoy extrañamos encontrar esos pequeños tesoros donde vos los dejabas. En 2016 te fuiste dejando un silencio que ningún otro perro podría llenar, porque no se trata solo de lo que hiciste, sino de cómo hiciste que nuestra casa fuera un lugar donde se podía ser feliz de verdad.
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