
Simba llegó a nuestras vidas en 2008 y durante ocho años fue ese ser que te recibía en la puerta con ronroneos, que se acostaba en tu regazo mientras leías y que hacía de cada rincón de la casa un lugar más vivo con su presencia curiosa y tierna. Te encantaba perseguir los rayos de sol que entraban por la ventana y dormir en las almohadas que acabábamos de acomodar, como si tuvieras un sexto sentido para encontrar exactamente dónde querías estar en cada momento del día. Cuando te fuiste en 2016, dejaste un vacío que todavía sentimos en esas esquinas de la casa donde solías esperar, en los silencios que antes llenabas con tus ronroneos, en la certeza de que alguien nos amaba de la manera simple y pura en que vos lo hacías.
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