
Simón fue ese perro que se dormía en el mismo rincón de la cocina cada tarde y nos miraba con los ojos entrecerrados cuando llegábamos a casa, como si ya supiera exactamente a qué hora íbamos a volver. Te gustaba perseguir las hojas en el patio durante el otoño y ladrarle a los pájaros que se posaban en la cerca, con esa dedicación que solo vos tenías para las cosas que de verdad te importaban. Dejaste un silencio extraño en los lugares donde solías estar, en esos rincones donde la casa ahora se siente más grande y más vacía de lo que nunca imaginamos que podría serlo.
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