
Sultan fue nuestro despertador viviente durante dieciséis años, ese que nos obligaba a salir a caminar sin importar el clima o nuestro cansancio, y que nos enseñó que la responsabilidad verdadera tiene cuatro patas y unos ojos que nunca mienten. Lo que más vamos a extrañar es esa costumbre que tenía de apoyar la cabeza en nuestras rodillas cuando algo nos preocupaba, como si supiera exactamente cuándo necesitábamos que alguien estuviera ahí sin pedir nada a cambio. Dejó en casa un silencio que duele, ese de los platos de comida que ya no llenamos, de la puerta que abrimos por costumbre esperando verlo, y de los años donde fuimos un poco más valientes porque él estaba.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →