
Tango tenía la costumbre de esperarnos en la puerta cada vez que llegábamos, moviendo la cola con una alegría que parecía no tener fin y que nos hacía sentir como los seres más importantes del mundo. Vos eras el que nos hacía reír con esos saltos sin sentido por la casa y esa forma particular de apoyar tu cabeza en nuestras rodillas cuando algo nos preocupaba, como si supieras exactamente qué necesitábamos. En 2020 se fue dejando un silencio en la casa que todavía duele, un espacio vacío en el sofá y en esos paseos que ya no son lo mismo sin tu presencia.
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