
Tango fue una presencia tranquila en nuestras vidas durante nueve años, con ese ritmo lento que nos enseñó a apreciar los detalles pequeños y a no tener prisa por nada. Te gustaba asolearte en el patio en las tardes de primavera y nos seguías con la mirada cuando caminábamos cerca, como si supieras exactamente dónde estábamos. Dejaste un espacio en la casa que no es fácil de llenar, ese lugar donde solías estar quieta y tranquila, recordándonos que tu compañía consistía simplemente en ser parte de nuestros días.
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