
Thor llegó a nuestras vidas en 2014 y durante nueve años llenó cada rincón de la casa con esa particular forma de saludar saltando a nuestras piernas apenas entrábamos por la puerta, exigiendo con insistencia que le prestemos atención antes de cualquier otra cosa. Vos eras el que se metía en la cama a las tres de la mañana para dormir entre nosotros, ronroneando tan fuerte que a veces nos despertabas, y aunque protestábamos, en el fondo esperábamos ese momento para sentirte cerca. Dejaste un vacío que no se llena, Thor, porque cada rincón, cada objeto, cada hora del día te trae a la memoria de una forma que duele, y sabemos que esa marca que dejaste en nuestro corazón va a quedarse para siempre.
Sé el primero en dejar un mensaje