
Thor vos sos quien nos enseñó que la ronronera a las tres de la mañana podía ser la música más hermosa del mundo, y que siempre había un rincón tibio esperándonos después de los días difíciles. Te acuerdas de esos saltos imposibles desde la heladera, de cómo insistías en sentarte justo donde estábamos leyendo o trabajando, como si fuera tu derecho sagrado ocupar el lugar exacto donde necesitábamos estar. Nueve años es poco tiempo para un amor tan grande, y dejás en esta casa un silencio que duele porque ya no está tu voz reclamando caricias a la madrugada.
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