
Thor fue nuestro perro de siete años que llenó cada rincón de la casa con su energía incontenible, esos saltos de alegría cada vez que abríamos la puerta y la manera que tenía de seguirnos de un lado al otro como si fuera lo más importante del mundo. Te acordás de cómo se tumbaba en el medio de la sala y nos miraba con esos ojos que pedían caricias, o cómo te despertabas con sus patas en la cama en las mañanas, reclamando que era hora de estar todos juntos. Dejaste un silencio en la casa que duele, esos lugares donde solías estar ahora están vacíos, y aunque pasan los días extrañamos tu manera particular de ser parte de nuestras vidas, ese Thor que eras solo vos.
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