
Tina llegó a nuestras vidas en 2007 y durante quince años fue la que organizaba nuestros días con sus rutinas precisas: la espera en la ventana al atardecer, las vueltas entre las piernas mientras cocinábamos y ese ronroneo inconfundible que nos avisaba cuándo necesitaba estar cerca. Lo que más vamos a extrañar es esa forma única que tenía de pedir permiso antes de subirse a nuestras faldas, mirando fijo a los ojos como si pidiera disculpas por ocupar espacio, y cómo se quedaba dormida con la cabeza apoyada en nuestras manos durante horas. El silencio de la casa sin sus pasos por los pasillos y sin escuchar su voz reclamona al amanecer nos recordará cada día que Tina fue mucho más que una mascota: fue parte de nuestro ritmo, de nuestras conversaciones y de esos momentos cotidianos que ahora sabemos eran
Micaela Molina
9 de abril de 2026
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
Carolina Aguilar
27 de diciembre de 2025
Siempre vive en quienes lo amaron.
María González
15 de diciembre de 2025
Que descanse en paz. Fue muy querido.
Claudia Pérez
6 de octubre de 2025
Que en paz descanse. Se merecía todo lo bueno.
Valentina Rojas
21 de septiembre de 2025
Cuánto amor en tan poco tiempo. Gracias por compartirlo.
Ana García
23 de junio de 2025
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Fernanda Vega
5 de junio de 2025
Con cariño desde lejos. Los abrazo.
Silvana Silva
27 de mayo de 2025
Los que tuvimos la suerte de conocerlo lo vamos a recordar siempre.
Ezequiel Pereyra
2 de mayo de 2025
Los que tuvimos la suerte de conocerlo lo vamos a recordar siempre.
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