
Tita fue esa presencia silenciosa que llenaba cada rincón de la casa con su manera particular de estar, siempre cerca pero a su manera, observándolo todo desde sus lugares preferidos donde el sol entraba a la tarde. Te acordás cómo se acercaba a ronronear justo cuando más lo necesitábamos, como si supiera exactamente en qué momento alguien de la familia necesitaba su compañía sin que nadie le dijera nada. Estos seis años dejaron una costumbre en nuestras rutinas diarias que ahora se siente vacía, esos pequeños gestos suyos que parecían simples pero que hoy extrañamos con una intensidad que no esperábamos.
Sé el primero en dejar un mensaje