
Tita fue esa presencia constante que nos esperaba cada día en la puerta, con su forma inconfundible de saludar que hacía que cualquier mal momento se disolviera al instante. Vos siempre sabías dónde encontrarnos en la casa y tenías ese don de acostarte justo donde más nos necesitabas, como si tuvieras un radar emocional que ninguno de nosotros podía explicar. Once años fuiste parte de nuestras conversaciones, nuestras rutinas y esos silencios cómodos que solo compartís con alguien a quien realmente querés, y ahora el espacio donde vos estabas es un hueco que la casa extraña todos los días.
Sé el primero en dejar un mensaje