
Tita llegó a nuestras vidas en 2014 y durante diez años fue esa presencia que nos esperaba en la puerta cada vez que volvíamos, con ese modo particular suyo de pedir caricias frotándose contra nuestras piernas como si fuera lo más importante del día. Te acordás de cómo se tiraba al piso cuando le hablábamos en ese tono especial, o de esas tardes donde se quedaba mirando por la ventana esperando que alguien saliera a jugar, y después venía a acurrucarse sin pedir permiso en el sillón donde estábamos leyendo. Se fue este año dejando un vacío que no se llena, porque Tita no era solo un animal en casa, era el testigo silencioso de nuestros días, ese ser que amaba con la simplicidad más honesta que hemos conocido.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →