
Tita fue esa presencia constante que nos esperaba cada vez que abríamos la puerta, saltando y girando en círculos como si fuera la primera vez que nos veía, aunque hubiera pasado apenas un rato. Te amaba dormir en el rincón de la cocina mientras cocinábamos, con un ojo abierto siguiendo cada movimiento nuestro, lista para cualquier migaja que cayera al piso. Estos diez años dejaste una marca tan profunda en nuestra casa que todavía nos cuesta pasar por el lugar donde solías estar, extrañando tu respuesta inmediata a cualquier llamado.
Sé el primero en dejar un mensaje