
Tita llegó a nuestras vidas en 2010 y se convirtió en esa presencia que nos esperaba cada vez que abríamos la puerta, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía después de años. Vos eras de esas que se acostaba en los pies de la cama a la noche y nos hacía sentir que nada malo podía pasarnos, y durante cinco años fuiste parte de cada momento, cada desayuno, cada risa que compartimos como familia. Desde que te fuiste en 2015, la casa tiene ese silencio que solo entienden quienes tuvieron a alguien tan especial, y cada tanto nos sorprende la ausencia de esos soniditos que vos hacías cuando nos veías llegar del trabajo.
Sé el primero en dejar un mensaje