
Toby tenía ese don especial de saber exactamente cuándo necesitabas compañía, y se instalaba en tu regazo con una ronroneo que parecía decir que todo iba a estar bien. Cada mañana nos esperaba en la cocina para su desayuno ritual, y después se iba a su rincón favorito junto a la ventana para vigilar el mundo exterior con esa curiosidad que nunca perdió. Se fue en 2019 dejando un vacío que todavía sentimos cuando nos sentamos en ese sofá donde él solía dormir, porque la casa sigue siendo más silenciosa sin su presencia.
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