
Tornado llegó a nuestras vidas en 2011 trayendo una energía inagotable que nos obligaba a salir cada mañana, a correr sin pensar, a redescubrir los parques como si fuera la primera vez y vos sabés que eso nos cambió la rutina para siempre. Te acordás cómo se sentaba en la puerta a esperar que llegáramos del trabajo, cómo nos saludaba con ese entusiasmo que no disimulaba nunca, cómo hacía que los momentos grises de la semana desaparecieran en un segundo apenas abríamos la puerta. Se fue en 2016 y dejó un silencio raro en la casa, ese tipo de ausencia que se siente en las cosas pequeñas como el sonido de sus pasos por el pasillo o la manera en que ahora nadie nos espera en ese rincón de la puerta.
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