
Tornado fue nuestro despertador viviente, ese que saltaba a la cama cada mañana insistiendo con sus patas que la vida recién empezaba y había que vivirla sin demoras. Vos eras el que nos esperaba en la puerta después de cada salida, como si hubieses contado cada segundo de nuestra ausencia con el corazón. Dejaste un silencio en la casa que duele más que cualquier palabra, porque ahora nadie nos pide que nos apuremos a vivir ni nos recibe como si fuéramos lo mejor que le pasó en el día.
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