
Tornado sos el que nos enseñó a entender que la felicidad vivía en las cosas simples, como esperar ansiosa cada vez que escuchabas las llaves en la puerta o perseguir tu propia sombra en el patio cuando el sol tocaba justo el lugar donde vos estabas. Dejaste en la casa un silencio que no sabemos cómo llenar, ese silencio del rincón donde dormías después de la siesta, o del sonido que ya no escuchamos cuando saltabas al sofá a acompañarnos sin pedirlo de otra forma que con tu presencia. Te llevaste con vos la risa de los chicos corriendo detrás tuyo en el parque, esas tardes donde eras vos quien gobernaba nuestro tiempo y nuestras ganas, y ahora solo nos queda tu memoria tibia en el corazón.
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