
Toto era un conejo que se dormía en nuestras manos mientras le susurrábamos secretos, y cada mañana nos esperaba saltando alrededor de la cocina porque sabía que era la hora de compartir un pedacito de manzana juntos. Tenía la costumbre de acurrucarse en el rincón más soleado de la casa justo después del mediodía, y desde ahí nos miraba con esos ojos que parecían entender cada una de nuestras conversaciones sin necesidad de palabras. Cuando se fue en 2021, dejó un silencio en esos lugares que solía recorrer y un vacío en nuestros rituales cotidianos que todavía hoy extrañamos, porque Toto no era solo un animalito sino el latido suave de nuestro hogar.
Patricia Díaz
7 de febrero de 2026
Gracias por compartirlo con nosotros aunque sea un poco.
Nicolás Fuentes
10 de enero de 2026
Qué difícil es perder a un compañero así. Un abrazo enorme.
Ignacio Miranda
2 de enero de 2026
Siempre en nuestros corazones. Qué suerte haber podido conocerlo.
Leandro Gómez
20 de junio de 2025
No sé qué decir, solo que estoy acá y los abrazo.
Florencia Morales
21 de abril de 2025
El amor que se da siempre vuelve. Un abrazo.
Rodrigo Flores
18 de marzo de 2025
Descansa peludo. Fuiste muy amado.