
Toto llegó a nuestra casa en 2010 y durante once años fue ese ser que nos esperaba cada tarde en la puerta, ronroneando como si fuera la primera vez que nos veía, con esa costumbre de frotarse contra nuestras piernas que nos hacía sentir que éramos lo más importante del mundo. Te acordás cómo se metía en la cama a las tres de la mañana y nos sacaba del sueño con sus manotazos juguetones, o cómo se quedaba mirando por la ventana durante horas siguiendo los pájaros, tan concentrado que parecía estar viviendo sus propias aventuras que nunca compartía con nosotros. Desde que te fuiste en 2021, la casa tiene un silencio raro, ese silencio que duele porque ya no escuchamos tus ronroneos ni sentimos tu calidez en los pies cuando dormimos, y es que vos dejaste un hueco que ningún otro gato podría llenar aunque lo intentara.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →