
Toto llegó a nuestra casa en 2020 y en poco tiempo se convirtió en el que nos esperaba ansiosa en la puerta cada vez que salíamos, moviendo la cola como si fuera la primera vez que nos veía. Te encantaba dormir en el sofá con la cabeza apoyada en nuestras piernas mientras mirábamos tele, y tenías ese hábito de gemir bajito cuando sonaba la puerta del ascensor del edificio. Dejaste un vacío que no se llena porque cada rincón de la casa guarda tu presencia, desde el comedero que ya no usamos hasta esa mancha del piso donde te recostabas a tomar el sol de la tarde.
Sé el primero en dejar un mensaje