
Toto llegó a nuestra casa cuando éramos más jóvenes y se quedó toda la vida, convirtiéndose en ese testigo silencioso de cada momento importante, desde las mudanzas hasta los cumpleaños, siempre en el mismo rincón de la cocina esperando migajas y caricias. Era de esos que te seguían de habitación en habitación sin necesidad de llamados, que se despertaban cuando vos te despertabas y que aprendieron a entender cada tonada de tu voz, cada estado de ánimo, como si llevara dentro un radar especial para saber cuándo necesitabas su cabeza apoyada en la rodilla. Ahora que se fue dejó un silencio raro en la casa, ese tipo de ausencia que notás cuando abrís la puerta y nadie te recibe, cuando pasás por el patio y no está ahí, y todos seguimos esperando sin querer darnos cuenta de que los quince años que compartimos fueron el mejor regalo que pudimos h
Hernán D.
24 de junio de 2026
Qué suerte la de esa familia de haberse encontrado.
Federico Blanco
11 de mayo de 2026
Siempre en nuestros corazones. Qué suerte haber podido conocerlo.
Roberto Herrera
11 de septiembre de 2025
Siempre lo voy a recordar. Un beso grande.
Liliana Ruiz
5 de julio de 2025
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.
Damián Ponce
12 de junio de 2025
Siempre vive en quienes lo amaron.
Adrián Mendoza
2 de febrero de 2025
Acompañamos en el dolor. Un abrazo.
Ana García
6 de diciembre de 2024
Fue muy afortunado de tenerlos. Y ustedes de tenerlo.
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