
Toto llegó a nuestras vidas en 2016 y durante quince años fue el alma de cada tarde, ese ser que nos esperaba en la puerta con una alegría tan genuina que nos hacía olvidar cualquier mal día, quien insistía en dormir acurrucado entre nosotros y nos robaba las mantas sin culpa alguna. Con esa paciencia infinita que solo él tenía, se convirtió en el confidente silencioso de nuestros secretos y preocupaciones, siempre presente en los momentos difíciles con su cabeza apoyada en nuestras rodillas, como si supiera exactamente cuándo necesitábamos sentir que alguien nos cuidaba también. Desde que se fue en 2031, la casa respira distinto, porque Toto se llevó esos rituales que lo hacían único: sus paseos a la misma hora, sus gemidos cuando nos veía preparar las valijas, su forma particular de saludar a cada uno de nosotros según el día y el humor
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →