
Trueno era ese gato que se trepaba a tu regazo justo cuando más lo necesitabas, como si tuviera un sexto sentido para los momentos en que estabas triste, y ronroneaba con una intensidad que parecía querer curarlo todo. Vos sabés que pasaba horas mirando por la ventana, persiguiendo con los ojos a los pájaros, y luego venía a contarte toda la aventura saltando de mueble en mueble por toda la casa como si fuera el cazador más épico del mundo. Desde que se fue en 2018, esa casita quedó más silenciosa, y hay mornings donde te encontrás esperando escuchar sus pasos en el pasillo o sentir su peso familiar en la cama, porque Trueno dejó patas marcadas en cada rincón que ahora duele recorrer.
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