
Trueno llegó a nuestras vidas en 2008 y durante once años fue el corazón palpitante de la casa, ese ser que insistía en dormir sobre nuestro pecho en las noches frías y que despertaba con sus ronroneos antes que cualquier alarma. Te acuerdas de cómo se paraba en la ventana de la cocina esperando que llegáramos, maullando como si tuviera historias urgentes que contarnos, y de esa forma única que tenía de exigir que le abriéramos la puerta con un toque delicado en nuestras piernas. Desde que nos dejaste en 2019, la casa respira diferente, y en esos momentos de silencio sentimos el peso enorme de tu ausencia, porque vos no eras solo un gato sino el ritmo mismo de nuestros días, la razón de nuestras sonrisas más simples.
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