
Tuca fue esa presencia constante en nuestras vidas desde 2013, la que nos esperaba en la puerta cada tarde con sus maullidos particulares y esa forma única de rozarse contra nuestras piernas que nadie más hacía igual. Te acordás de cómo se acostaba en el rincón de la cocina mientras cocinábamos, observándolo todo con esa mirada curiosa, y cómo insistía en acompañarnos a cada rincón de la casa como si fuera su responsabilidad cuidarnos. En estos nueve años que compartimos dejaste un vacío que no se llena, porque los lugares donde vos estabas, tus costumbres, tu forma de ser, sos parte de los recuerdos que nos sostienen ahora.
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