
Tuca llegó a nuestras vidas en 2016 y durante catorce años nos enseñó que la felicidad podía encontrarse en las cosas más simples, como dormir al sol de la tarde o perseguir un hilo que se movía lentamente por el piso. Te acordás de cómo se tiraba en el medio de la cocina mientras cocinábamos, exigiendo que le habláramos mientras preparábamos la comida, como si fuera parte imprescindible de la receta. Ahora que Tuca se fue, la casa quedó en silencio de una manera que nunca imaginamos, y nos dimos cuenta de que durante catorce años vos fuiste el ritmo de nuestros días, el que nos esperaba en la puerta, el que nos hacía reír cuando menos lo necesitábamos.
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