
Tuca sos ese recuerdo que nos despierta a las seis de la mañana con tu nariz fría buscando mimos, ese ritual que repetiste cada día durante seis años y que ahora extrañamos en el silencio de las madrugadas. Te pasabas las tardes persiguiendo sombras en el patio y durmiendo en los lugares más incómodos de la casa, siempre cerca de quien estuviera más triste, como si tuvieras ese don especial de saber cuándo necesitábamos sentirte cerca. Dejaste en nosotros un vacío que no se llena, una ausencia que se nota en cada rincón donde solías estar y en esa costumbre que seguimos teniendo de guardarte un lugar en la mesa, en el corazón y en cada historia que contamos de vos.
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