
Tuca fue esa presencia que nos enseñó a ralentizar la vida, siempre esperándonos en la puerta con esa forma particular de saludar que solo él tenía, moviendo todo el cuerpo como si cada uno de nuestros regresos fuera el acontecimiento más importante del día. Durante esos ocho años nos acostumbramos a sus rituales: las siestas en el mismo rincón de luz, sus paseos que eran más bien exploración minuciosa del barrio, esa manera suya de pedir permiso antes de subirse al sofá que nos partía el alma. Se fue en 2020 dejando un silencio en la casa que todavía duele, un vacío en las rutinas que compartimos, y la certeza de que alguien que nos quiso tan genuinamente no se olvida nunca.
Sé el primero en dejar un mensaje
✓ Chat en tiempo real
✓ Grupos temáticos por raza y ciudad
✓ Compartir en WhatsApp, Instagram
✓ Hasta 20 fotos
$9.500 / mes
Mejorar a Prueba Comunidad →