
Turco llegó a nuestras vidas en 2009 y durante trece años fue el primero en recibirnos cada vez que abríamos la puerta, con ese entusiasmo que hacía que todo lo demás dejara de importar. Te acordás cómo se tiraba al piso para que le rascáramos la panza, cómo seguía a cada uno de nosotros de habitación en habitación sin perderse ni un momento, como si temiera que algo importante sucediera sin vos. La casa quedó demasiado silenciosa cuando te fuiste, y los lugares donde solías dormir todavía nos duelen, porque nadie va a llenar ese espacio que ocupaste en nuestros días y en nuestros corazones.
Sé el primero en dejar un mensaje