
Turco llegó a nuestra vida en 2017 y durante dieciséis años fue ese ser que nos esperaba junto a la puerta cada vez que volvíamos a casa, con toda la emoción intacta como si fuera la primera vez. Te conocíamos cada uno de nuestros gestos: sabías cuándo alguien estaba triste antes que nosotros mismos, y ahí estabas vos, apoyando tu cabeza en la rodilla de quien más lo necesitaba sin que nadie te lo pidiera. En 2033 se fue dejando un silencio en las mañanas que antes llenabas con tus pasos, un espacio vacío en el sofá y la certeza de que nos enseñaste a amar sin condiciones durante todos estos años juntos.
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